1. Cuando la constancia se desvanece en un segundo plano
La mente humana está programada para percibir el cambio, no la permanencia. Lo que siempre está presente, es confiable e inmutable a menudo desaparece de la conciencia. Así como nos olvidamos del aire hasta que nos cuesta respirar, el amor constante de una madre puede pasar desapercibido precisamente porque nunca falla.
De esta manera, una madre se vuelve parte del trasfondo: indispensable, pero invisible. No porque carezca de importancia, sino porque su presencia se siente garantizada. Este patrón neurológico inconsciente puede hacer que quien da sin cesar se sienta profundamente infravalorado.
2. La distancia necesaria para convertirse en uno mismo
El crecimiento psicológico requiere separación. Para que un niño desarrolle su propia identidad, debe cuestionar, discrepar y crear distancia emocional con sus padres, un proceso conocido como individuación.
- Lo que para un niño parece autodescubrimiento, a menudo lo siente como rechazo para su madre. Sin embargo, en muchos casos, el amor no ha disminuido; el niño simplemente intenta definir quién es. Cuando esta separación se enfrenta a la culpa o la resistencia, la distancia suele agrandarse aún más.