Entonces comprendió cuál había sido realmente la mayor estafa de Mauricio.
No había robado solamente dinero.
Había robado ocho años entre una hija y sus padres.
El dinero podía rastrearse.
La casa podía disputarse.
Pero aquellos ocho años no podían devolverse.
Por eso, cuando Mauricio finalmente le escribió:
“Soy tu hermano. ¿De verdad vas a destruirme por dinero?”
Daniela respondió una sola vez:
“No te estoy destruyendo por el dinero.
Estoy dejando de protegerte de lo que hiciste.”
Después bloqueó su número.
Y regresó a la cocina.
Esta vez, cuando su madre puso tres platos sobre la mesa, ninguno de ellos tuvo que preguntarse cuándo volverían a verse.