Marcos se mudó una semana después.
No hubo gritos.
Rentó un departamento pequeño a 20 minutos de casa.
7 semanas después consiguió otro empleo.
Ganaba menos.
Trabajaba más.
Cuando me lo contó, dijo:
—No era exactamente el retiro que imaginaba.
Luego añadió:
—Pero fue culpa mía.
Diana renovó su contrato.
Melissa consiguió trabajo fijo y empezó a pagar sus deudas.
Nadie terminó en la calle.
Nadie murió porque yo no los rescatara.
La catástrofe que todos esperaban que evitara con mi dinero resultó ser simplemente la vida.