No llames.
Aún no.
—Abrió los ojos —dije con cuidado—. Me miró.
“¿Habló?”
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Miré más allá del médico, hacia la cama.
El rostro de Ethan volvió a mostrarse sereno.
Demasiado tranquilo.
—No —mentí—. No lo creo.
El médico me observó un momento y luego asintió.
¿Qué estabas haciendo justo antes de que respondiera?
“Hablando.”
“¿Sobre algo en particular?”
“Mi madre. La boda. Mi familia.”
“¿Lo tocaste?”
“Le tomé la mano.”
El médico se volvió hacia la enfermera.
“Documenten todo. Realizaremos escaneos adicionales.”
La puerta del dormitorio se abrió de nuevo.
Vivian Thornton entró en primer lugar.
Jason la seguía de cerca.
En el instante en que Vivian vio a los médicos alrededor de la cama de Ethan, algo cambió en su expresión. La fría autoridad se desvaneció, reemplazada por una esperanza tan pura que me avergoncé de haber pensado alguna vez que no le importaba.
“¿Qué pasó?”
La enfermera se hizo a un lado.“El señor Thornton mostró signos de consciencia.”
Vivian se aferró al respaldo de una silla.
¿Despertó?
“Brevemente.”
“¿Habló?”
El médico me miró.
“La señora Thornton dice que no lo hizo.”
La mirada de Jason se posó en mi rostro.
Sonrió, pero su sonrisa carecía de calidez.
“¡Qué coincidencia tan extraordinaria!”
Lo miré.
“¿Qué es?”
“Nueve meses sin respuesta”, dijo. “Y entonces abre los ojos el día de su boda”.
Vivian se giró bruscamente.
“Ahora no, Jason.”
“Solo digo que el momento es interesante.”
“Puede que tu primo esté despertando.”
“Y estoy encantado.”
Su tono sugería lo contrario.
Los médicos prepararon a Ethan para trasladarlo a la suite médica privada en la planta baja de la finca. Mientras lo llevaban en la camilla, alcancé a percibir un leve movimiento bajo sus párpados cerrados.