PARTE 2: LA CASA NO ERA DE ELLA

Esteban caminó hacia la puerta con pasos tranquilos y deliberados. Como hermano mayor de Andrés, llevaba los mismos ojos amables, pero su presencia era formidable, marcada por años de práctica legal en derecho civil e inmobiliario. Se paró junto a Doña Rosa, mirando brevemente el camión cargado antes de mirarla directamente a los ojos.

—Buenos días, Doña Rosa —dijo Esteban sin problemas, con la voz fresca y autoritaria.

oña Rosa cambió incómodamente, sorprendida por su repentina aparición. “¿Esteban? ¿Qué haces aquí? Este es un asunto familiar privado”.

“En realidad, no lo es,” respondió Esteban, colocando su maletín en la parte superior del pilar de la puerta y descomprimiéndolo. “Lucía me llamó anoche como su abogado y como el ejecutor de la finca de Andrés. Escuché las declaraciones que acaba de hacer con respecto a sus supuestos derechos a esta propiedad, y como abogado, me siento obligado a aclarar las cosas antes de que las cosas se intensifiquen”.

Maribel y Tomás intercambiaron miradas incómodas, retrocediendo ligeramente.

Esteban sacó un conjunto de documentos legales nítidos y estampados de una carpeta azul. 📄“En primer lugar, Doña Rosa, bajo la ley de Jalisco, los abuelos no poseen derechos residenciales o de propiedad automática sobre bienes inmuebles comprados únicamente por un hijo adulto. Esta casa fue adquirida íntegramente por Lucía Reyes. La escritura de propiedad, de la que tengo una copia certificada de aquí, la enumera como la única propietaria legal”.

Él pasó la página, apuntando a un sello estatal. “Además, Lucía ha registrado formalmente un fideicomiso de propiedad que especifica que al pasar, la propiedad única transfiere directamente a Emilia. Ni usted, ni Maribel, ni Tomás tienen ningún derecho legal, participación financiera o residencia en esta residencia en absoluto”.

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