—Estaba adjuntando a los documentos. La aseguradora guardó una copia escaneada.
Daniel hizo clic en el archivo.
Apareció una nota manuscrita en la pantalla.
La tinta estaba borrosa, pero David reconoció de inmediato la letra cursiva.
La letra de su padre.
—Si me pasa algo, por favor, contacten con Marisol Santos. Este dinero es para ella y nuestra hija. Eleanor no puede hacerse cargo.
Maya se tapó la boca.
David volvió a leer la frase.
— Además…
Las palabras no habían cambiado.
—Nuestra hija —susurró.
Maya se volvió hacia él.
—No sabemos qué quería decir.
— ¿Qué más podría significar?
—No lo sabemos.
David la miró a la cara, buscando inconscientemente algún rasgo de su padre.
La forma de sus ojos.
La línea de su mandíbula.
La manera silenciosa en que apretaba los labios cuando tenía miedo.
Maya lo notó.
—Por favor, no me mires así.
—Lo siento.
—Sigo siendo yo.
-Perder.
—¿De verdad?
David bajó la mirada.
Liam se quedó dormido contra su pecho.
Daniel cerró el archivo.
—No hay certificado de nacimiento que vincule a Thomas con Maya. No hay confirmación legal. No hay paternidad confirmada. Por ahora, solo tenemos una nota.
—Y una advertencia de Marisol —añadió Maya.
-Si.
¿Puedes encontrarla?
Lo estamos intentando.
Maya miró el teléfono oscuro sobre la mesa.
¿Y si está en peligro?
Daniel no respondió de inmediato.
Es posible —dijo con cautela—. Pero la desconexión podría haber sido temporal o debido a la conexión a internet. No deberíamos pensar lo peor.
David miró por la ventana la nieve.
¿Qué quiso decir cuando dijo que mi madre sabía por qué murió mi padre?
No lo sé —dijo Daniel—. Pero antes de sacar conclusiones precipitadas, recordamos que el duelo crea historias. Los miembros de la familia recuerdan el mismo suceso de forma diferente. Los documentos se pierden. La gente exagera. La gente miente. A veces mienten para proteger a alguien. A veces mienten para protegerse a sí mismos.
Y a veces dicen la verdad demasiado tarde —dijo Maya.
Daniel.
Si.
La enfermera entró para revisar la medicación de Maya. La conversación se interrumpió.
Mientras la enfermera ajustaba la vía intravenosa, David observaba el rostro de Maya.
Parecía abrumada, pero no se retrajo como antes. Le hizo preguntas a la enfermera. Escuchó con atención. Pidió instrucciones escritas para su recuperación.
Acciones pequeñas pero importantes.
Empezaba a recuperar la voz.
Cuando la enfermera se fue, Maya se giró hacia David.
“Tengo que contártelo todo”.