—Esta culpa no siempre significa que estamos haciendo algo mal.
Maya señaló débilmente.
—Daniel cobraría por ese tipo de consejo.
—Cobro por hora —dijo Daniel, cerrando su portátil.
Una pequeña broma alivió la tensión.
Entonces la expresión de Daniel se volvió seria.
—Tenemos algo más que discutir.
David lo supone incluso antes de hablar.
—La posibilidad de que Maya y yo compartamos el mismo padre.
La mano de Maia se detuvo.
Daniel.
“Hay pruebas. Pero no tienes que tomar una decisión hoy”.
David miró a Maya.
Parecía asustada, no por la respuesta, sino por lo que la pregunta podría hacerles.
Su matrimonio.
Su hijo.
Sus recuerdos.
Su futuro.
“Deberíamos averiguarlo”, dijo David en voz baja.
Los ojos de Maia se nublaron.
“¿Y si es verdad?”
“Entonces tenemos que afrontarlo”.
“¿Y si todo cambia?”
“Todo ya ha cambiado.”
Miró a Liam.
David siguió su mirada.
Su hijo dormía plácidamente, ajeno a viejos documentos, fotografías ocultas o las decisiones de personas que nunca conocería.
David se volcó hacia Maya.
“Escúchame. Diga lo que diga la prueba, tú eres la mujer con la que me casé. Tú eres la madre de Liam”. Eres la persona a la que deberías haber protegido mejor.
Maya negó con la cabeza.
—No quiero que te quedes porque te sientes responsable de mí.
—No me quedo porque me siento responsable.
—¿Entonces por qué?
David la miró a los ojos.