Estaba esperando su condena.
Tiene una respuesta completamente diferente.
“Lo que sea que te haya pasado, nunca fue tu vergüenza”.
Esas palabras no cambiaron el pasado.
Pero cambiaron la forma en que Clara comenzó a mirarse a sí misma.
Esta vez, el anillo significaba elección, no la obligación
Un año después, Samuel le propuso matrimonio.
Para Clara, no era solo un nuevo matrimonio.
La diferencia era enorme.
A la edad de quince años, otros decidieron cuándo era el momento de casarse.
Ahora era una mujer adulta que decide con quién quiere construir su vida.
Ella tenía un trabajo.
Tenía su propia casa.
Tuvo la oportunidad de decir sí o no.
Y, lo más importante, ya no creía que tuviera que ocultar partes de sí misma para merecer amor.