Su tono no tenía rastro de la mujer cansada que, según Diego, había estado llorando minutos antes.
—Carmen —respondió Valeria.
—Nos dejaste tirados en otro estado por una tontería.
—Ustedes tienen vuelo de regreso y una reservación.
—No se trata de eso. Se trata de que una esposa no hace estas cosas.
—¿Qué cosas?
La pregunta descolocó a doña Carmen.
—Ya sabes.
—No. Dímelo.
—No deja a su marido sin dinero.
Valeria apoyó la mano sobre el respaldo de la silla.
—El dinero de Diego sigue siendo de Diego.
—Ahora son un matrimonio.
—Sí.
—Entonces todo se comparte.
—¿También las decisiones?
Doña Carmen no respondió.
—Porque nadie compartió conmigo la decisión de comprar cuatro boletos —continuó Valeria—. Nadie compartió conmigo la decisión de cambiar mi luna de miel. Nadie me preguntó si quería pagar los paseos de Karla. Eso sí lo decidieron ustedes solos.
—Éramos familia.
—Eso me dijeron muchas veces.
La conversación terminó poco después.
Doña Carmen devolvió el teléfono a Diego y él prometió llamar más tarde.
No lo hizo durante varias horas.
Valeria aprovechó ese tiempo para ordenar las cosas que había ignorado durante los días previos a la boda.
Revisó accesos.
Confirmó qué pagos seguían pendientes del evento.
Retiró la tarjeta adicional del perfil donde todavía aparecía asociada.
También pidió que cualquier movimiento fuera de lo habitual requiriera autorización directa.
No porque esperara que Diego intentara algo más esa misma tarde, sino porque por fin entendía que la confianza sin límites claros no era confianza.
Era exposición.
Esa noche Diego mandó un mensaje diferente.
«Mañana regreso antes».
Valeria lo leyó dos veces.
Karla y doña Carmen, según explicó él después, permanecerían en Cancún unos días porque la reservación ya estaba pagada y ellas habían decidido aprovecharla.
Diego tomaría un vuelo de regreso solo.
Por primera vez desde que comenzó el conflicto, él estaba dejando algo atrás para volver a hablar con su esposa.
Valeria no confundió ese gesto con una reparación.
Pero sí lo registró.
A la mañana siguiente se encontraron en el departamento de la colonia Del Valle.
Las cajas de regalos seguían donde las habían dejado.
Algunos moños estaban aplastados.