Mientras Ben se alejaba, me di cuenta de que Walter no llevaba ninguna medalla.
—Te ves muy bien —dije, dudando.
—¿Puedo preguntarte algo?
—De todos modos, sueles hacerlo.
—¿Por qué no llevas medallas?
Walter bajó la vista hacia su traje.
—Llevaba uniforme cuando tenía que hacerlo. Esta noche voy al baile de graduación.
Eso sí lo entendía.
—¿Puedo preguntarte algo?
***
A mitad de camino, me di la vuelta y miré a mi hermano y a Walter.
—¿Podemos pasar por casa de la abuela?
Ben me miró de reojo por el retrovisor.
—¿Cuánto tiempo?
—Cinco minutos. Le duele la rodilla, así que no pudo venir para las fotos.
—¿Cinco minutos de los tuyos?
—Conduce, Ben.
—¿Podemos pasar por casa de la abuela?
***
Walter buscó su bastón en cuanto aparcamos.
—No tienes por qué entrar —le dije.
—Es de buena educación conocer a tu abuela, Nikki.
Ben señaló la casa. —Yo me quedo aquí. La abuela intentará atiborrarme de comida otra vez, y no pienso probar más su postre de piña.
Llamé a la puerta y la abuela abrió casi de inmediato.
—Es de buena educación conocer a tu abuela, Nikki.
—Ay, cariño. ¡Estás preciosa!
Me reí mientras la abuela me hacía girar y me arreglaba un mechón de pelo.
—Te ves tan mayor, mi Nikki.
Entonces me hice a un lado.
—Abuela, este es Walter. Walter, esta es mi abuela, Penny.
Walter se acercó al umbral de la puerta.
—Ay, cariño. ¡Estás preciosa!
—Buenas noches, señora.
La abuela lo miró.
Su sonrisa se desvaneció.
—¿Abuela?
Ella no respondió.
***
Cinco minutos después, la cesta de mimbre estaba abierta entre nosotros.
—¿Abuela?
Walter se quedó mirando los sobres que había dentro.
—¿Qué es esto?
La abuela levantó el que estaba encima.
Su nombre estaba escrito en la parte delantera.
A Walter le temblaba la mano al cogerlo.
—¿Rose?
La abuela se sentó frente a él.
—¿Qué es esto? —Sí.
Me acerqué más.
—¿Quién es Rose?
La abuela me miró.
—Mi hermana. Murió hace mucho tiempo, cariño.
Walter alargó la mano para coger una fotografía antigua que estaba guardada debajo de las cartas.
—Murió hace mucho tiempo, cariño.
Una joven aparecía de pie, vestida de gala.
Su rostro cambió.
—Se compró esto para el baile de graduación.
La abuela asintió.
—Solo se lo puso para esa foto. Se suponía que debíamos enviártela, pero…
Walter levantó la vista bruscamente.
—Se compró esto para el baile de graduación.
—¿Lo sabías?
—Yo sabía más que tú. —Me volví hacia la abuela.
—¿Qué significa eso?
Ella tocó las cartas.
—Rose escribía todas las semanas.
—¿Qué significa eso?
Walter frunció el ceño.
—No.
—Sí que lo hacía.
—Dejó de escribirme.
—No, Walter.
La abuela le acercó la cesta.