El dolor se volvió tan intenso que apenas podía mantenerse en pie.
Jake la ayudó a sentarse en un banco.
—Tenemos que llamar a alguien.
—No —susurró Emily—. Mi papá ya no me quiere.
—Olvida lo que dijo. Voy a llamar a tu madre.
Pero antes de que Jake pudiera sacar el teléfono, Emily intentó ponerse de pie.
Dio dos pasos.
Y entonces sus rodillas cedieron.
—¡Emily!
Se desplomó.
Jake logró atraparla antes de que su cabeza golpeara la acera.
Ya no respondía.
Entró en pánico.
Con las manos temblorosas, llamó a los servicios de emergencia, pidiendo ayuda a gritos mientras intentaba desesperadamente despertarla.
Unos minutos después llegó una ambulancia.
Emily fue trasladada de urgencia al hospital.
Jake se fue con ella.
Los médicos comenzaron a examinarla inmediatamente, y uno de ellos comprendió rápidamente que la situación podía ser grave.
El embarazo todavía estaba en una etapa muy temprana, pero el intenso dolor abdominal y el desmayo obligaban a los médicos a descartar posibles complicaciones peligrosas.
Una enfermera se volvió hacia Jake.
—¿Dónde están sus padres?
Jake se quedó paralizado.
—Están… en casa.
—Tiene catorce años. Tenemos que contactar con ellos inmediatamente.
Fue entonces cuando sonó mi teléfono.
Eran las 21:17.
No reconocía el número.
—¿Hola?
Durante varios segundos solo escuché llanto.
Entonces Jake habló.
—¿Señora Carter?
Sentí que se me encogía el estómago.
—¿Jake? ¿Dónde está Emily?
—Se desmayó.
Me levanté tan rápido que casi se me cayó el teléfono de la mano.
—¿Qué?—Estamos en el hospital. Empezó a sentir muchísimo dolor y luego se cayó. Se la llevaron y no quieren decirme nada.
Daniel apareció en la puerta.
—¿Qué ha pasado?
No pude responderle.
Jake sollozaba.
—Por favor, vengan. El médico dijo que necesitan a sus padres.
El rostro de Daniel cambió inmediatamente.
Unos segundos después ya estábamos en el coche.
Nunca había visto a mi marido conducir con tanto miedo.
Repetía las mismas preguntas una y otra vez.
—¿Estaba consciente?