Y, sobre todo, recordaba al juez que le había dado una segunda oportunidad.
Adam sonrió.
Él dijo:
—Dime por qué robaste la comida. —El hombre bajó la cabeza.
“Tenía hambre, señor.”
Adam cerró el archivo.
Entonces dijo:
“Antes de hablar de castigos, hablemos de cómo podemos asegurarnos de que nunca más tengas que robar comida.”
Y en ese momento, Adam finalmente comprendió la lección más importante que aquel juez le había enseñado:
La verdadera justicia no consiste únicamente en castigar a las personas por sus errores. A veces, la verdadera justicia consiste en darles la oportunidad de mejorar.
Y aquel acto de bondad, ocurrido muchos años atrás en una sala de audiencias abarrotada, no solo cambió una vida…
Había creado a un hombre que dedicaría el resto de su vida a cambiar la vida de los demás.