El envejecimiento produce cambios progresivos en prácticamente todas las partes del cuerpo, y los órganos sexuales masculinos no son una excepción. Sin embargo, alrededor de este tema existen muchos mitos, exageraciones y afirmaciones que pueden generar preocupación innecesaria. A medida que pasan los años, pueden producirse modificaciones en el pene, los testículos, la próstata y la respuesta sexual, pero estos cambios no significan necesariamente que exista una enfermedad ni que la vida íntima tenga que desaparecer. Uno de los cambios más conocidos está relacionado con las erecciones. Con la edad, algunos hombres pueden necesitar más tiempo y estimulación para conseguir una erección y pueden notar que esta no alcanza la misma firmeza que durante la juventud. Esto puede estar relacionado con cambios normales en los vasos sanguíneos, los nervios, los niveles hormonales y los tejidos que participan en la respuesta sexual. También puede disminuir la frecuencia de las erecciones espontáneas, especialmente durante el sueño. El periodo necesario para volver a conseguir una erección después de la eyaculación puede hacerse más largo y la intensidad de algunas sensaciones puede cambiar. La piel también puede experimentar modificaciones: puede volverse menos elástica y cambiar ligeramente su aspecto debido al envejecimiento general del organismo. Los testículos pueden disminuir progresivamente de tamaño y situarse más bajos, mientras que el vello púbico puede hacerse menos abundante. Además, los niveles de testosterona suelen disminuir gradualmente con la edad, aunque la velocidad y magnitud de ese descenso varían considerablemente de un hombre a otro. Es importante distinguir entre cambios relacionados con el envejecimiento y síntomas que pueden indicar un problema de salud. Tener una erección menos firme ocasionalmente no significa necesariamente que exista disfunción eréctil, pero una dificultad persistente para conseguir o mantener una erección puede requerir una evaluación. Esto es especialmente relevante porque los problemas de erección pueden estar relacionados con factores como hipertensión, diabetes, alteraciones cardiovasculares, obesidad, tabaquismo, determinados medicamentos, estrés, ansiedad o trastornos del sueño. En otras palabras, no todo cambio sexual debe atribuirse simplemente a la edad. Algunas dificultades pueden tratarse al identificar y abordar la causa que las está produciendo. Por ello, hablar abiertamente con un profesional sanitario puede ser mucho más útil que asumir que cualquier cambio es inevitable.
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