Ya no.
Coloqué la carpeta sobre el escritorio y lo miré.
—Esta casa no te pertenece —dije—. Nos pertenece a tu madre y a mí. La empresa tampoco. Ni nuestros ahorros, ni nuestra jubilación, ni el futuro que tú y Ashley aparentemente ya habéis dilapidado.
Ashley apareció en el umbral, con el rostro pálido.
Tomé mi teléfono y llamé a mi abogado, Mark Ellison.
Cuando contestó, puse el altavoz.
—Mark —le dije—, necesito revisar el fideicomiso, destituir a Ethan como fideicomisario sucesor, excluirlo del plan de transición de la empresa y redactar una notificación formal que les prohíba a él y a Ashley entrar en la propiedad sin permiso por escrito.
Ethan se quedó boquiabierto.
“Papá, no puedes estar hablando en serio.”
Miré a Linda, a quien aún le temblaban las manos.
“Nunca en mi vida he estado tan serio.”
Parte 3
Primero surgió la ira de Ethan.
—¿Prefieres el drama de mamá a tu propio hijo? —gritó.
Linda se estremeció, y eso me indicó que no era la primera vez que él le decía algo cruel. Quizás fue la primera vez que lo vi con claridad, pero no fue la primera herida.
Me interpuse entre ellos.
“Baja la voz en mi casa.”
Ashley agarró el brazo de Ethan. “Esto es ridículo. Estábamos intentando ayudar.”
—No —dije—. Estabas intentando heredar antes de tiempo.