La triste realidad es que el sueño de ser padres no se hace realidad para todos. A veces, las personas tienen dificultades simplemente porque no han encontrado a la pareja adecuada con quien formar una familia. En otras ocasiones, a pesar de sus mayores esfuerzos, las parejas se enfrentan a problemas de fertilidad desgarradores que hacen que el embarazo parezca inalcanzable.
Mi hermano Ryan y su esposa Melissa vivieron esta última situación.
Si bien yo había tenido la fortuna de ser madre, ver a mi hermano gemelo y a su esposa luchar por concebir fue como ver a dos personas asfixiarse lentamente. Pasaron por múltiples tratamientos de FIV fallidos y Melissa perdió un bebé cuando estaba embarazada de once semanas; aquello estuvo a punto de llevarlos al límite. Para entonces, estaban agotados e intentaban aferrarse a lo poco que les quedaba.
Y entonces surgió la pregunta. No me tomó por sorpresa, pues intuía que estaban considerando esa opción. Querían que yo fuera su gestante subrogada, y no dudé ni un segundo en aceptar llevar a su hijo en mi vientre. ¿Podía haber mayor alegría que formar parte de ese camino para convertirlos en padres? ¿Y yo? Yo iba a ser tía.