Julián Barragán llegó al hospital cuarenta minutos después.
No venía solo.
Había avisado discretamente al equipo médico responsable de Ernesto y solicitado que cualquier decisión legal se realizara únicamente después de confirmar que su cliente estaba consciente y comprendía lo que firmaba.
Cuando los médicos revisaron su tratamiento, aparecieron inconsistencias que exigían análisis inmediatos.Ernesto entregó la grabación.
También explicó las cápsulas que Valeria le administraba en casa.
A partir de ese momento, nadie volvió a permitir que ella manejara sus medicamentos.
Pero Julián frenó a Ernesto cuando mencionó cambiar inmediatamente todo el testamento.
La sonrisa de Valeria vaciló.
—Pero dijeron cinco días.
—La situación ha cambiado.
Iván la miró.
Aquella mirada duró apenas un segundo.
Pero Mateo la vio.
Dos días después, los análisis y la revisión médica llevaron el caso por un camino completamente distinto al que Valeria esperaba. Las autoridades recibieron la información y comenzaron a investigar cómo habían llegado determinadas sustancias al organismo de Ernesto.
Entonces Julián revisó las empresas.
Encontró algo todavía peor.Iván llevaba casi un año aprobando compras infladas a proveedores vinculados con una sociedad recién creada.
Más de seis millones de pesos habían salido de Muebles Salgado.
Valeria figuraba relacionada con una de las cuentas bajo revisión.
La villa de Puerto Vallarta no había sido pagada con una futura herencia.
Ya estaba siendo financiada con dinero que aparentemente salía de la empresa.
Cuando Valeria regresó al hospital al cuarto día, encontró a Ernesto sentado