Cuando Lily terminó, caí de rodillas y la abracé con fuerza.
—¿Por qué no me lo contaron?
Daniel señaló el calendario que colgaba de la pared.
La fecha de mi cumpleaños estaba marcada con un círculo rojo.
—Quería cantarte la canción que tú le cantabas cuando era pequeña —explicó Daniel—. Pero tenía miedo de no poder hacerlo. Todas las noches le susurraba al oído la siguiente línea de la canción. De ese modo, nadie más podía escucharla y ella no se sentía presionada.
Lily sonrió tímidamente.
—Aquí hay eco. Hace que mi voz suene más fuerte.
Daniel admitió que había cerrado la puerta con llave únicamente porque yo había estado a punto de descubrir la sorpresa varias veces. No se había dado cuenta de lo alarmante que podía parecer su comportamiento desde mi perspectiva.
