—Se llama Lily.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Los ojos de Richard se llenaron de lágrimas.
—Esa niña es mi nieta.
Me quedé completamente desconcertada.
Daniel y yo nunca habíamos tenido hijos.
Treinta años atrás me había quedado embarazada, pero mi embarazo terminó con una complicación terrible. Después, los médicos me dijeron que jamás podría volver a tener hijos.
Aquella pérdida había sido el recuerdo más doloroso de nuestras vidas.
—¿Daniel tiene una hija con otra mujer? —pregunté.
Richard negó lentamente con la cabeza.
—No de la manera que imaginas.
Abrió una carpeta llena de informes médicos.
—Lily está gravemente enferma —dijo—. Su médula ósea no funciona correctamente. Los médicos están buscando un donante.
Sentí un nudo en la garganta.
—Entonces, ¿por qué me has hecho venir?
Richard me observó durante un largo momento.