pero estables. Mili, en cambio, había perdido mucha sangre y estaba inestable.
Tomás me llevó a un pasillo estrecho, junto a la escalera.
—Antes de entrar a cirugía me hizo prometer que, si no despertaba, te contaría todo. Es hora de que entiendas por qué me casé con ella.
Todas mis sospechas volvieron de golpe: dinero, lástima, presión, un reemplazo de la hermana que no podía tener. Él sacó unas hojas dobladas. Tenían el membrete del estudio jurídico de mi padre y un título: Acuerdo de matrimonio y cuidado. Ofrecía una suma de seis cifras a cambio de que Tomás se casara con Mili y se hiciera cargo de su cuidado diario, sus asuntos legales, su vivienda y su salud futura. Había cronograma de pagos, cláusulas de confidencialidad y tres firmas: las de mis padres y la de Tomás.
Grité. Le dije que se había vendido, que mi hermana luchaba