A los 21 años, mi esposo me llevó a un campo y me cortó las dos manos… Pero lo que ocurrió después hizo que todo un país recordara mi nombre
Tenía veintiún años cuando aprendí que el hombre que duerme a tu lado puede llegar a ser más peligroso que cualquier desconocido.
Me llamaba Ayşe y llevaba casada solamente ocho meses. En nuestro pueblo todavía me llamaban «la recién casada». Aún estaba aprendiendo a vivir en la casa de mi esposo, a hablar en voz baja, a despertarme antes del amanecer y a esconder el miedo antes de que apareciera en mi rostro.
Mi esposo, Mehmet Ali, no era un hombre amable. Al principio, no lo llamaba crueldad. Lo llamaba mal carácter. Lo llamaba matrimonio, porque eso era lo que muchas mujeres de mi entorno habían aprendido a llamarlo.