quién pertenecían en realidad.
Luego encontré otro sobre. La letra en él me era más conocida que la mía propia. Carol. Estaba dirigido a mi madre.
“Ruth, no puedo seguir con esto. Walter todavía cree que Anna se fue porque dejó de amarlo. Yo escuché lo que le dijiste ese día y tendría que habérselo contado entonces. No lo hice. Una parte de mí temía que, si sabía la verdad, iría a buscarla.”
Tuve que detenerme. Después seguí leyendo.
“Ahora hay un bebé de por medio. Tú me repites que Anna firmó los papeles y que quiere que la niña se críe en otro lado, pero eso no hace que lo que hicimos esté bien. Si Walter llega a enterarse alguna vez, no nos va a perdonar a ninguna de las dos.”
Debajo de la carta de Carol, con la letra inconfundible de mi madre, había cuatro palabras:
“Entonces asegúrate