ojos.
James sabía por qué.
Ese era el nombre que yo había elegido a los diecinueve años.
Lo miré.
—¿Tú se lo dijiste?
—No.
—James.
—Te juro que no.
La trabajadora social intervino.
—El nombre aparece en documentación que Rachel completó antes del parto.
Después James recordó algo.
Años atrás, en aquella reunión familiar, yo había mencionado el nombre durante una conversación con su tía.
Rachel estaba allí.
Probablemente lo había escuchado.
Aquello me incomodó.
Me parecía demasiado perfecto.
Demasiado diseñado.
Como si una mujer muerta estuviera intentando entregarme exactamente el sueño que yo había perdido.
Esa noche regresé a casa sin Grace.
Eso sorprendió a todos cuando después contábamos la historia.
No salimos del hospital con una bebé.
No funcionaba así.
Regresamos con nuestros tres hijos.
Y tuvimos que explicarles algo que ni siquiera nosotros entendíamos.
Nuestro hijo mayor preguntó:
—¿Vamos a tener una hermana?
James respondió:
—Tal vez.
—¿