queja de aquello.
Finalmente Grace fue colocada con nosotros mientras continuaba el proceso correspondiente.
La primera noche que durmió en nuestra casa, James desapareció después de acostar a los niños.
Lo encontré en el garaje.
Estaba bajando aquella caja.
La caja que se había negado a regalar durante cuatro años.
La abrió.
Sacó el pequeño gorro.
—Sabías algo —dije.
—No.
—Entonces ¿por qué guardaste esto?
Se quedó mirando el gorro.
—Porque tirarlo se sentía como admitir que nunca tendríamos una hija.
—Pero me dijiste que nuestros hijos necesitaban a su madre.
—Y lo decía en serio.
Se le quebró la voz.
—Aceptar que no podíamos tener otro bebé no significaba que yo hubiera dejado de sentir tristeza.
Eso me golpeó.
Durante años había pensado que aquella caja significaba que James no aceptaba nuestra realidad.
En realidad significaba que él también estaba de duelo.
Simplemente lo hacía en silencio.
Le quité