de casarse cuanto antes para complicar el conflicto legal y ganar tiempo.
Karla trabajaba como asistente en un despacho jurídico.
Cuando entendió que podía verse involucrada, decidió protegerse.
Contó todo.
Admitió que Adrián le había confesado personalmente que conducía aquella noche, que había movido a Vero después del choque y que llevaba años esperando que nunca recuperara la memoria.
—Yo no participé en el accidente —insistió—.Lo conocí mucho después.
Quizá fuera cierto.
A Verónica dejó de importarle.
La traición de una desconocida dolía poco comparada con la de un hombre que había construido una relación completa sobre su culpa.
Meses después llegó el juicio.
Para entonces, la historia se había extendido por Zacatlán.
Personas que durante años habían bajado la voz cuando Vero pasaba frente a ellas ahora se acercaban para decir:
—Siempre pensamos que algo no cuadraba.
Ella escuchaba sin responder.
No siempre lo habían pensado.
Simplemente era