Lucía iba atrás porque se mareaba. Miré mi reloj. Eran las doce cuarenta y cinco. Le pedí que bajara la velocidad. Se rio. En la curva el coche derrapó.
Su voz se quebró sólo una vez.
—Escuché a mi hermana gritar detrás de mí.
Respiró.
—Después vino el golpe.
Sacó de su bolsa dos relojes idénticos.
—Mi papá nos los regaló cuando cumplí dieciocho. Unoera mío y otro de Lucía. Decía que éramos como dos manecillas del mismo reloj.
Levantó uno.
—Éste era el que yo llevaba aquella noche. Se detuvo con el golpe. Durante años no entendí por qué ver las 12:45 me producía tanto miedo.
Miró a Adrián.
—Ahora sí lo entiendo.
Él bajó la cabeza.
Al final del proceso le permitieron hablar.
Adrián se levantó y utilizó aquella misma voz suave que durante años había desarmado a Vero.
Dijo que nunca quiso matar a nadie.
Que