había sido joven.
Que entró en pánico.
Que había vivido atormentado.
Y entonces miró directamente a Verónica.
—Yo también he sufrido todos estos años. Estuve contigo porque, a mi manera, sí te quise. Perdóname.
Vero sintió algo extraño.
No odio.
No rabia.
Cansancio.
Comprendió que Adrián todavía quería una última cosa de ella.
Ya le había robado la verdad.
La relación con su madre.Nueve años.
Ahora quería también su perdón para sentirse mejor consigo mismo.
Verónica pidió permiso para responder.
—No voy a decir que te perdono.
Adrián levantó los ojos.
—No porque quiera vengarme. Ni siquiera te odio. Pero el perdón es algo que pertenece a quien fue herido. No es una medicina que el culpable pueda exigir para dormir tranquilo.
La sala permaneció en silencio.
—Sigues hablando de cuánto sufriste tú. De cuánto miedo tienes tú. De cuánto necesitas tú que yo te perdone. Mi hermana tenía