guardó silencio unos segundos.
—A veces olvido lo frío que puedes ser.
Adrián respondió tan bajo que Vero tuvo que contener hasta el aire para escucharlo.
—Frío habría sido dejar que me encerraran por un accidente.
—¿Un accidente? Tú mismo dijiste que ibas borracho.
Hubo un silencio.
Después llegó la frase que partió la vida de Verónica en dos.
—Sí. Yo manejaba. Yo perdí el control. Lucía murió por mi culpa. Ycuando vi que Vero estaba inconsciente, la moví al lugar del conductor. Luego dije que yo había llegado después y que las había sacado del coche. Todos me creyeron. Hasta ella.
Vero apretó el arete de su madre dentro del puño.
Durante nueve años había pedido perdón por respirar.
Durante nueve años había visitado la tumba de Lucía sintiéndose una asesina.
Y el hombre que la consolaba después de cada pesadilla era quien había construido la pesadilla.
Adrián y