Mientras buscaba un arete debajo de la cama antes de casarme, escuché a mi prometido decirle a otra mujer: “En menos de un año ya no podrán hacerme nada”. Entonces entendí por qué quería casarse conmigo después de 9 años cuidándome y consolándome por la muerte de mi hermana. Salí sin decir una palabra, llamé a un abogado y llevé conmigo dos relojes idénticos… pero sólo uno se había detenido aquella noche.

de Lucía detrás.

El golpe.

Vero cayó de rodillas.

—Yo iba de copiloto —susurró—. Yo nunca manejé.

Don Ernesto la sostuvo de los hombros.

—Recordarlo es importante. Pero necesitarás algo que no dependa sólo de tu memoria.

Vero levantó la mirada.

—La doctora.

Dos días después localizaron a la doctora Teresa Mendoza, jubilada y viviendo en una casa sencilla a las afueras de Puebla.

Apenas escuchó el nombre de Verónica,la mujer quedó inmóvil.

—Siempre supe que algún día vendrías.

Sacó una carpeta antigua.

En ella conservaba copias de notas médicas y una fotografía tomada la noche del accidente.

—Cuando llegaste al hospital estabas inconsciente —explicó—. Tenías una marca muy fuerte del cinturón de seguridad.

Señaló la fotografía.

La lesión cruzaba desde el hombro derecho hacia el costado izquierdo.

—En un vehículo con volante a la izquierda, esa dirección corresponde al pasajero delantero. Si hubieras manejado, la marca habría cruzado

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