Mientras buscaba un arete debajo de la cama antes de casarme, escuché a mi prometido decirle a otra mujer: “En menos de un año ya no podrán hacerme nada”. Entonces entendí por qué quería casarse conmigo después de 9 años cuidándome y consolándome por la muerte de mi hermana. Salí sin decir una palabra, llamé a un abogado y llevé conmigo dos relojes idénticos… pero sólo uno se había detenido aquella noche.

accidente me pusiste al volante.

—Entré en pánico.

—Y después mentiste.

—Tenía veintitantos años. Pensé que mi vida se había acabado.

Vero lo observó, incrédula.

—¿Tu vida?

—Me habrían metido en prisión. Tú estabas inconsciente. Lucía ya… ya no había nada que hacer.

—Así que decidiste que la culpable sería yo.

Adrián se levantó.

—¡Pero nunca te abandoné! Estuve contigo cuando todos te dieron la espalda. ¿Eso no significanada?

Aquella frase le dolió más que un insulto.

Vero se acercó despacio.

—No me cuidaste. Me vigilaste.

Él frunció el ceño.

—No digas tonterías.

—Cada vez que me llevabas comida, cada vez que me acompañabas al cementerio, cada vez que me decías que debía perdonarme… estabas comprobando que yo siguiera creyendo tu mentira. No eras el hombre que me sacó de un pozo. Eras el hombre que me empujó dentro y después bajaba a traerme agua para que no muriera.

La

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