cara de Adrián cambió.
La ternura desapareció.
—No puedes demostrar nada.
Por primera vez, Vero vio al verdadero hombre que había vivido detrás de aquella máscara durante nueve años.
—Tu memoria está dañada —continuó él—. Un abogado va a destrozarte. Dirá que te inventaste todo porque te arrepentiste de la boda.
—Tengo la fotografía de la noche del accidente.
Adrián parpadeó.
—¿Qué fotografía?
—La doctora Teresa conservó unacopia de mi expediente. El cinturón dejó una lesión que demuestra que iba en el asiento del pasajero.
El rostro de Adrián perdió color.
—No sabes de qué estás hablando.
—La fotografía ya está en manos de un perito.
Silencio.
—Y la denuncia fue presentada hace diez días.
Adrián tiró accidentalmente un banco al ponerse de pie.
—¡Estás loca!
—No.
—¿Quieres destruirme por algo que pasó hace nueve años?
—Tú destruiste nueve años de mi vida para esconder algo que pasó en una