Adrián había pasado nueve años vigilando que ella nunca recordara la verdad.
Y acababa de cometer el error de despertarla.
Verónica aún no podía imaginar lo que encontraría esa misma noche dentro de dos relojes idénticos…
PARTE 2
Don Ernesto abrió la puerta del taller y se quedó mirando a Verónica: vestido de novia, abrigo viejo, maquillaje corrido y una expresión que él jamás le había visto.
No preguntó nada.
—Pasa,hija.
Durante ocho años, aquel hombre había sido su maestro. Vero llegó a su taller un año después del accidente para reparar un reloj de pared de su madre. Don Ernesto descubrió que tenía manos extraordinariamente firmes y comenzó a enseñarle el oficio.
Aquella tarde ella le contó todo.
La conversación debajo de la cama.
La confesión.
Karla.
La doctora.
Cuando terminó, don Ernesto abrió una pequeña caja fuerte.
—Antes de pensar en denunciarlo, quiero enseñarte algo.
Sacó un